Te encontré dormida,
y en tus manos
habitaban silbidos
de otras vidas que pasaron como ráfagas de
viento entre tus manos.
Te necesité calmada.
Y me diste
oleadas
de incontenibles
esperanzas de deseo.
Me inundó tu sombra.
Y la luz,
Apenas nos dejaba ver pasar las mañanas.

Escribe un comentario