
Dice el Génesis que los hijos de los Dioses se enamoraron de los hombres, y de su unión con ellos nacieron los Gigantes. El libro de Enoch tomando pie de esto explica la caida de los angeles de la siguiente manera:
“los hijos de los hombres se habían multiplicado, y los egregori, o sea los valientes, enamoráronse de ellas. Eran doscientos, a cuya cabeza marchaba Semjaza con 19 más. Guiados por él bajaron a la tierra, se unieron a ellas y de esta unión nacieron los Gigantes. Luego enseñaron a las mujeres y a sus hijos a fabricar armas, a fundir metales para hacer moneda, a adornarse, a ponerse aceites, a emplear la fuerza, a conocer la virtud de los simples, la eficacia de los venenos, a producir fascinaciones y encantamientos con el medio de preservarse de ellos, las maravillas de la astronomía, y la adivinación por los signos del aire, por los de la tierra y por los de la luna.
Los angeles buenos, al apercibirse de ello, presentáronse ante el Todopoderoso”
Entonces ordenó a Uriel que avisara a Noé… a Rafael que atara a Azazel, y cargado de cadenas lo precipítase a las Tinieblas, a Gabriel que marchara contra los Gigantes e hiciera que se mataran mutuamente, a Micael que atara a Semjanza y a sus secuaces y cuando hayan sido testigos de la muerte de sus hijos se quedasen alli hasta el juicio final.
Esto es lo que ordenó Dios para reparar el mal que los valientes habían causado en la tierra, por el misterio de iniquidad que habían enseñado a sus mujeres y a sus hijos.
Tal es la leyenda de la caida que adoptan luego los Judeo-cristianos con algunas modificaciones: Lo principal es considerar Satán, caído junto a sus huestes, por orgullo, por quererse hacer igual a Dios, y no por amor a las mujeres de la tierra.
La Muerte y el Diablo, por Pompeyo Gener, publicado en Agosto y septiembre de 1883, la cursiva es nuestra, representa un breve resumen del texto.
La fotografía de Nan Goldin, Love making